Diego Trelles en Babelia

Por otra parte, Fietta Jarque publica un reportaje sobre "Viejas puertas habaneras", Ángel L. Prieto de Paula escribe una reseña sobre Fuente de Médicis (premio Loewe) del poeta valenciano Guillermo Carnero, libro que "contiene un único y extenso poema dialogado sobre el fracaso de la existencia y el sucedáneo de la cultura. La reflexión del poeta valenciano concluye con una atribulada invocación a la muerte". Otra reseña es la de José Luis Pardo al libro Los siete pecados capitales de Fernando Savater. "Si algo puede darnos una idea acerca de la decadencia de la civilización cristiana es la penosa condición de caducidad en la que se hallan los que en otro tiempo fueron considerados nada menos que 'los siete pecados capitales'. Prueba de ello es que, en este libro, el diablo, convocado a defenderlos, acaba casi siempre convencido por el filósofo de que le conviene más practicar las virtudes que se les oponen", expresa Pardo. También, Javier Sampedro escribe sobre la Autobiografía de Charles Darwin y, finalmente, un excelente plato de fondo para este post, aparece una reseña muy positiva de Lluís Satorras a la novela de Diego Trelles El círculo de los escritores asesinos.
"El autor (que ha estudiado cine y dirigido algún cortometraje y estudiado también periodismo) trabaja bien a sus personajes, los hace llegar enteros al lector mediante un hábil mecanismo narrativo que otorga categoría a la obra. El asunto es sencillo y bastante original: cinco escritores (cuatro hombres y una mujer) deciden asesinar a un crítico literario que les ha chafado [echado a perder] una obra colectiva. Una vez muerto, niegan ser los ejecutores y para justificarse cuatro de ellos ponen por escrito su versión del asunto y el quinto edita los textos y pone notas a pie de página aclarando o contradiciendo lo que en ellos se dice", escribe Satorras. También dice lo siguiente: "Abundan las escenas cómicas y las situaciones paródicas y el tono general es tragicómico, pero quizá lo más delicado, atractivo para algunos, entre los que me cuento, pero no tanto para otros, es la sobreabundancia de metaliteratura. Como en un juego de espejos, los personajes viven situaciones que reflejan escenas literarias o artísticas preexistentes. Los nombres de los personajes son máscaras que esconden su verdadera identidad. Se llaman Ganivet, Larrita, Alejandro Sawa, Casandra o García Ordóñez, que es el sobrenombre del crítico el cual al tomar la personalidad de este personaje del Cantar del Cid pasa a simbolizar el rencor y la traición. Mal asunto, pues, para los críticos literarios. Para compensar, con el objeto de mantener el interés por la trama, el autor sigue los esquemas propios de la novela negra. Hay tensión narrativa y es constante la pregunta sobre la identidad del culpable. Desde esta perspectiva, ella es la clásica (y tópica) mujer fatal y los cuatro hombres los que la desean y caen bajo su dominio. En fin, también esto es metaliterario. Pero la calidad de la novela y el buen hacer literario de su autor son, en mi opinión, indudables". No me queda más que felicitar a Trelles por esta excelente reseña que su obra acaba de merecer en el mejor suplemento cultural de España. Y a las librerías limeñas, a importar la novela, la cual lleva dicho sea de paso prólogo de Santiago Roncagliolo, cuya libro acaba de aparecer en librerías precisamente a inicios de semana. Finalmente, recordar que en enero se publicó en esta Zona de noticias un adelanto inédito de El círculo de los escritores asesinos. El fragmento lleva por título "Carlos Oliva, el poeta que toreaba automóviles".
En la foto: Diego Trelles.