Abelardo Oquendo sobre Puta linda

Pienso que Puta linda puede perfectamente diferenciarse en dos partes, ambas relacionadas con la vida de Noemí: la etapa piurana, "entre el campo y la playa, lejos de la ciudad" (26), "a diez kilómetros de un pueblito de Piura" (30), y la etapa limeña. Partes entretejidas por los diálogos de Noemí con Luis Alberto y de éste con Tapia. Aquí veo en mi ejemplar que al final del capítulo 7 anoté (esto se los comparto, es un borrador de borrador): "Del ahora (1992) y su pasado (el Niño, etc) al futuro de la dictadura: 1992-2000".
Para mí lo mejor de la novela se da cuando se narra (capítulos 3 y 4) la etapa de abuso sexual cometido por el cojo Braulio (conviviente de la mamá de la protagonista, es decir, quien representa a la figura paterna) con la niña linda (doce años) Noemí y su hermana Luzmila, dos años mayor que Noemí y descrita a través de un comentario de tono coloquial como "retrasadita la pobre" (27).
Respecto a la segunda parte, básicamente aquí mi interés se centró en asociaciones de orden temático con otros libros de autores peruanos. Menciono esas asociaciones de modo muy general: "la Italianita" (87) con las chilenitas del primer capítulo de Travesuras de la niña mala de Vargas Llosa. El travesti cubano asentado en Lima, al que matan de veinte puñaladas, y que "ejercía el putería callejero en un barrio rico. Su zona era el puente de la Vía Expresa y la avenida Javier Prado" (84), el cual recuerda a los travestis de Salón de belleza (1994), la novela de Mario Bellatin, travestis que ejercen la prostitución en concurridas y transitadas avenidas. La "banda homofóbica que se hacía llamar 'Los Matacabros'" (89) obviamente con el primer libro de cuentos de Sergio Galarza Matacabros (1996), y que aparece ya en Salón de belleza como la Banda de los Matacabros. La presencia de "el Doc [Vladimiro Montesinos]" (57-58, 108) que está también en Grandes miradas (2003) de Alonso Cueto. O la aparición de una "combi asesina" (115) matando personas, que en lo personal me recuerda la muerte del poeta Carlos Oliva.
En la foto: Fernando Ampuero.