Edgar O’Hara sobre Edgardo Tello

Tengo delante de mí Las puertas de la esperanza, de Edgardo Tello Loayza, libro que adquirí en 1971 en el patio de Letras de Plaza Francia. Son poemas de un joven de la generación de Javier Heraud, también caído (fines de 1965) en un combate cerca de un río y en las montañas de Apurímac. ¿Por qué no se suele incluir esta obra en la tradición poética peruana? Por una simple razón: son los poemas escritos por un joven militante político que murió fiel a sus convicciones. Además hay una razón de mayor peso: no existe una voz poética de Edgardo Tello, pues al leer estos poemas escuchamos más bien la voz de Javier Heraud con sus temas centrales, la voz de Neruda y de Juan Gonzalo Rose de Cantos desde lejos (1957) y Simple canción (1960). Los versos de Edgardo Tello me permiten comprender su vida y llenar los vacíos que deja la cronología de una página y media. Son testimonios que me llevan a tenerle mucho más respeto a la persona que quiso, en los años de la muerte de Heraud, combatir la miseria y darle a nuestro país un rostro más justo. El autor de Estación reunida era un poeta, un auténtico creador, que incluso pretendió darle la espalda a su obra cuando sintió que era absolutamente necesario. Edgardo Tello no fue un poeta en el sentido de Heraud; fue, como muchos jóvenes valerosos, un intelectual revolucionario que cuestionó su propia realidad, cuestionó la Historia que se le había enseñado en el colegio y viajó a Cuba a fines del verano de 1962 para hacer estudios de Filosofía y Economía.