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sábado, marzo 24, 2007

Lo impuro y lo contaminado

Incluyo la siguiente nota de prensa a propósito de la exposición Lo impuro y lo contaminado. Pulsiones (neo)barrocas en las rutas de Micromuseo ("al fondo hay sitio").

Con la presencia destacada de Micromuseo ("al fondo hay sitio") y otras producciones peruanas, este miércoles 28 de marzo se inaugura en España una compleja mega-exposición trasnacional. Una muestra de gran envergadura que, bajo el sugestivo nombre de Encuentro entre dos Mares, marca el inicio de la nueva asociación entre las bienales de Valencia y de Sao Paulo.
El evento ocupa cinco impresionantes sedes, distribuidas entre la primera de esas ciudades y el vecino puerto de Sagunto. En ambos espacios urbanos Micromuseo exhibe, bajo la curaduría de Gustavo Buntinx, varias de las líneas de reflexión y coleccionismo que han configurado a esta singular propuesta museológica como un soporte alternativo para la preservación, investigación y promoción del arte crítico peruano, así como de otras manifestaciones relacionadas.
A ese compromiso responde su inclusión como uno de los dos proyectos especiales –el otro es el del Museo del Barro, de Paraguay– que definen los extremos de la sección Otras contemporaneidades: Convivencias problemáticas, curada por Ticio Escobar y Kevin Power para el Encuentro entre dos Mares. El envío de Micromuseo es el más amplio en ese conjunto que abarca también y por separado la obra de cuatro decenas de artistas adicionales, incluyendo a los peruanos Juan Enrique Bedoya y Fernando Bryce (Armando Andrade forma parte de una sección distinta, Luz en el sur).
Extremando sus políticas de circulación y alternancia, para esta ruta nueva Micromuseo ha reclutado los apoyos de un equipo que incluye al museógrafo Juan Carlos Burga, el periodista Daniel Contreras, la diseñadora Sophía Durand y la productora logística Martha Zegarra. El resultado configura una de las más nutridas y complejas exposiciones de nuestra plástica contemporánea en el extranjero. Bajo el título principal de Lo impuro y lo contaminado, medio centenar de piezas, realizadas por una treintena de artífices, articulan una secuencia provocadora en la que obras propiamente artísticas se ven friccionadas por otros artefactos representativos de nuestra cultura material más urgida y densa. Imágenes peculiares de exacerbada devoción popular, por ejemplo. O instrumentos y documentos vinculados a nuestras violencias recientes, entre los que sobresalen ciertas artesanías bélicas y la escopeta "hechiza" de un poblador ayacuchano muerto por Sendero Luminoso debido a su participación en las rondas campesinas.
A partir de estas y otras evidencias, Micromuseo ensaya un recorrido por la sensibilidad (neo)barroca que gradualmente emerge de entre los estragos de la guerra, para ir con el tiempo esbozando un nuevo horizonte de renovaciones artísticas –acaso comparable en los últimos años al impacto anterior provocado por la irrupción del pop "achorado" hacia 1980.
Una sensibilidad, también una sensorialidad nueva. No una sino varias pulsiones que se desperdigan y fragmentan en torno a dos ejes fundamentales, explorados a lo largo de los varios ambientes ocupados por la exposición.
Por un lado, las relaciones y tensiones entre Christian Bendayán y Lu.Cu.Ma., dos plásticos vinculados a Iquitos y a cierta (post)modernidad popular que suele expresarse desde las estridencias de lo tecno-tropical-andino.
Al otro extremo, la propuesta de los varios artífices (Alex Ángeles, Carlos Lamas, Alfredo Márquez, Ángel Valdez, Marcel Velaochaga) que se agrupan y reagrupan bajo el nombre del proyecto A Imagen y Semejanza, donde los referentes suelen ser eruditos y pueden remontarse hasta los ideólogos de la Evangelización y de la Contrarreforma.
Sublimaciones pasadas y vulgaridades presentes se entrecruzan y fecundan en la actualidad de un país donde toda distancia colapsa. Y en una exhibición que además ofrece los registros distintos, pero pertinentemente planteados, de obras decisivas de Patricia Bueno, Jaime Higa, Inkari (Fredy Ortega), Manuel Moncloa, Cecilia Noriega-Bozovich, Antonio Pareja, Carmen Reátegui, Jesús Ruiz Durand, Carlos Runcie Tanaka, Javier Silva, Elena Tejada, Eduardo Tokeshi, Mariela Zevallos (E.P.S. Huayco)...
Todo ello articulado por un estricto guión museográfico y un elaborado escrito curatorial. Este último da cuerpo a un catálogo de setenta páginas y casi cien imágenes, constantemente tensionadas por el correlato textual que, además de ofrecer una primera aproximación histórica al (neo)barroco peruano, se ofrece cargado de ideas provocadoras. Las relaciones entre la violencia y lo sagrado, por ejemplo. Entre la religión y el cuerpo, entre la sexualidad y la experiencia mística. O entre nuestro gran vacío museal (la ausencia en Lima de un museo de arte específicamente contemporáneo, o siquiera "moderno") y las museotopías que se construyen sobre ese hueco.
Como el propio Micromuseo y sus propuestas de fricción creativa entre la pequeña-burguesía-ilustrada y lo popular-emergente. Estrategias friccionarias que ponen en escena crítica el carácter discontinuo de la historia y de la cultura y de la política en un país hecho de fracturas –pero también de incesantes intercambios de fluidos. A esa libido en medio del caos responde esta propuesta de una praxis museal que yuxtaponga los fragmentos dispersos de nuestras muchas expresiones, recíprocamente iluminadas por sus diferencias tanto como por sus articulaciones.
Una musealidad promiscua, donde las obras llamadas artísticas coexisten con productos masivos u objetos reciclados, además de notables ejemplos de la múltiple creatividad popular. Una musealidad mestiza donde las palabras "artista" y "artesano" se irán reemplazando por la de "artífice" –como en esta nota de prensa– procurando de ese modo significar la crisis de esas y otras distinciones en una sociedad crecientemente hecha de lo impuro y lo contaminado. El principio aquí operativo es no reprimir sino productivizar las diferencias.
La belleza nueva que de todo ello saldrá.

En la foto: Caja negra, impresionante obra de Alfredo Márquez y Ángel Valdez.