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jueves, enero 10, 2008

Dos libros sobre la poesía de Blanca Varela

Quiero consignar dos libros sobre la poesía de Blanca Varela. El primero pertenece a Modesta Suárez y se titula Espacio pictórico y espacio poético en la obra de Blanca Varela (Madrid: Verbum, 2003, 244 pp.) que, tal y como apunta José Miguel Oviedo en un artículo publicado en octubre del 2004 en Letras Libres, "—según mi información— es el primer libro íntegramente dedicado a la poeta". Silvia Bermúdez corrobora el dato: "Recién a finales del 2003, se publica el primer estudio monográfico dedicado enteramente a su producción" (17), afirma refiriéndose al libro de Suárez. Y lo señala en su ensayo La esfinge de la escritura: la poesía ética de Blanca Varela (Newark: Juan de la Cuesta, 2005, 151 pp.), el segundo volumen que menciono dedicado a la poesía de la autora de El falso teclado. "Resulta irónico que siendo Varela una de las poetas 'más reacias a hablar como mujer', en la acertada evaluación de Susana Reisz, haga de las cuestiones de género un paradigma estructural de su producción poética" (12), sostiene Bermúdez en la introducción de su libro. También dice: "La conflictiva relación de Varela con el criterio de género es el punto de partida de La esfinge de la escritura. Aclaro que el mismo se entiende desde las condiciones sociohistóricas que lo determinan: en el periodo de los años cincuenta y en el contexto del 'tradicional patriarcalismo que empaña todas las esferas de la vida en el Perú' como afirma José Antonio Mazzotti en su Poéticas del flujo. Ahora bien, la resistencia de Varela a 'hablar como mujer' podría entenderse como cuestionadora de un esencialismo que a todas luces parece reforzar las valoraciones de género que tanto se han buscado desmantelar desde reflexiones críticas feministas" (14). Por su parte, Oviedo escribe lo siguiente sobre el libro de Suárez: "Aunque, como el título indica, el libro se centra en el estudio de los enlaces y correspondencias entre las constantes referencias de su poesía al mundo del arte visual y en cómo eso afecta la composición de sus imágenes, el libro cubre otros aspectos y técnicas que permiten desmontar el complejo mundo interior de la poeta: el 'principio de tensión', la poética del dislocamiento, el uso del fragmento y de la serie, aparte de considerar el ambiente intelectual de Lima en los años cuarenta y la cuestión del 'parasurrealismo' en los inicios de Varela".
Finalmente, y saliendo de la mención a los dos libros, me permito incluir un poema mío que lleva como epígrafe un verso extraído del poemario de Varela El libro de barro.


COMO UN HALO DE LUZ BAJO LAS AGUAS

Poesía. Silenciosa algarabía del corazón.
Blanca Varela

El corazón del espejo es tan limpio como su memoria
y su terror es el silencio en medio del taladro
golpeando las columnas de luz que emergen con el día y se esfuman
como una vaga inquietud refugiada en una esquina que danza
susurro que impregna el gemido
y la telaraña recorriendo los vasos sanguíneos para atrapar
el frágil aliento de la humanidad y devorarlo
El espejo que no conecta tu rostro con su carne viva y sus músculos
también amontonados los días, al pescar del río—
tachando frases para desollar la búsqueda
el niño del ahora es la letra, espuma y arena
intentándose.
Absurdo este no querer, si no tienes espejo no golpees las columnas,
no destroces los pastos ni las nieves si no caminas
trizada lengua de sangre adormilada.
Ahora anuncia el cuerpo tenso como un halo de luz bajo las aguas
el cuerpo y su corazón de tormentas, músculos de hojalata.
¿Quién cuenta las horas alrededor de una vieja esquina
en las mañanas que bailan? Caros mensajes, sinfín de juegos
en una riña que sutura: el espejo tiene de la ausencia
su sombra.
Objeto del mañana, pequeña certidumbre de carne viva.



En la foto: Modesta Suárez. "Blanca Varela es una de las poetas latinoamericanas más personales de la segunda mitad del siglo XX", afirma.