La poesía guerrillera de Javier Heraud
La edición de 1973 [Poesías completas] deja de lado algunas crónicas personales, que le conferían un valor intimo a la de 1964 [Poesías completas y homenaje], y parece querer concentrarse en otro lado testimonial: la imagen del poeta guerrillero. Los poemas de Rodrigo Machado, me apresuro a decir aquí, no están a la altura, ni mucho menos, de los brevísimos conjuntos inéditos que Heraud dejara en Lima: Viajes imaginarios y Poemas a la tierra. Situar su "Arte poética" (fechado en Madrid y La Habana) junto a arrebatos ideológicos en verso, hace más patente la distancia entre ambas visiones. Para quien quiera ver esa distancia, ahí está; para los que, con sensibilidad expresiva, quieran darse cuenta. La barra brava, digamos, seguirá viendo la misma jugada y analizando los textos con frases de opereta leninista del tipo cuando Lukács era un hegeliano de izquierda. Al decir esto no es mi intención restarle méritos al libro de 1973 ni al entusiasmo que Hildebrando Pérez deseó prodigarle. Esa segunda edición, con más poemas del archivo familiar, divulgó una imagen del escritor comprometido, muy propicia en los años de reformas sociales del gobierno militar. Pero el lenguaje lírico de Heraud era -para otros lectores y para quien escribe esto- su más nítido compromiso. Aquí hay que tomar una buena distancia y evaluar la obra de un poeta que dijo lo suyo antes de cumplir los veinte años. De acuerdo a ello se me hace imprescindible señalar que lo hecho por ese joven fue poesía de genio y hondura, pero dentro de una visión artística que entra en conflicto con el testimonio en verso de los poemas hallados en La Habana y varios que dejó en Lima (publicados o inéditos) que no constituyen, para mí, como admirador de Heraud, lo esencial de su obra. (10-11)
La tentación de Heraud por hacer una poesía social-realista (como antes se solía decir) es, por cierto, previa al viaje a La Habana y sigue, en este sentido, los propios cambios políticos del autor. (Entre ellos, la ruptura con el movimiento social progresista.) "Balada escénica sobre la revolución cubana" fue uno de esos intentos, publicado en junio de 1961 por el Instituto José Carlos Mariátegui. El otro se titula "Dos preguntas" (la primera es una cita de Brecht): incluido en la edición de 1973, ha de haber sido escrito por esa misma época y quizás después de terminadas las versiones de 'Las sombras y los días' y 'En espera del otoño'. Dice mucho, para mí, el que Heraud no se preocupara para darle forma a un libro siguiendo las directrices temáticas y formales de ambos poemas y que, a la hora de los loros, eligiera Estación reunida para presentarse a los Juegos Florales de San Marcos. Es más, los testimonios y las cartas señalan que Heraud tenía no la esperanza sino la entera seguridad de que se llevaría el primer premio. Razón de más, insisto, para considerar esos dos "poemas" como ensayos en verso. [...] En los dos "poemas" social-realistas (por más que uno arranque de la cita de Brecht sobre Lima la dorada y el otro la emprenda desde un escenario dramático) no hay posibilidad alguna de discernir las trochas poéticas sugeridas porque no existe sugerencia de ningún tipo. No nacieron de gestación poética: fueron traídos al mundo con los fórceps expresivos al uso de teóricos del más acá para justificar o ilustrar una idea ya dada. ¿Pero acaso no hacen más o menos lo mismo el texto "La vida escandalosa de César Moro" y los poemas de El río, El viaje y Estación reunida? La respuesta es afirmativa, aunque con una importante distinción: con ladrillos y cemento, un albañil edifica una tapia; a la persona sin experiencia en construcción la saldrá un mamarracho. ¿Adónde voy con esta analogía? Explico: en los "poemas" social-realistas, el Heraud-albañil decidió darse por satisfecho en diez minutos y se fue con su pata Mario, como dice en Estación reunida, a tomarse unas chelas.
Si Heraud ha de quedar en la tradición poética de lengua española no será por los datos de la persona biográfica ni mucho menos por los poemas "comprometidos" de Rodrigo Machado. Si el buen paladar sabe distinguir entre Havanna Club y el Pomalca ron rubio sol que me da su calor, ¿por qué en poesía va a ser tan complicado aceptar que los versos "militantes" de Heraud son versos de ocasión, motivados por las circunstancias, emocionales y políticas, en que se hallaba? Textos del calibre de Ahora debe ser, Juan, empuña tu fusil, / Pedro, coge tú la treinta. / Ahora hablaremos con las armas. / Antes era fácil, nos cogían con los gritos / en la mano, nos metían en las cárceles, cumplen seguramente una función, no tengo por qué ponerlo en duda. El problema es que la sigan cumpliendo más allá de los límites de su propia ideología o de la ideología que les sirve de inspiración. Rodrigo Machado se golpeó el pecho y escribió lo siguiente: Antes hablé del río y las montañas, / canté al otoño, al invierno, / maldije al verano y a sus ritos [...] Un día conocí a Cuba. / Conocí su relámpago de furor, / vi sus plazas llenas / de gentes y fusiles / [...] vi al Apóstol en piedra / para siempre. / Vi a Fidel de piedra movediza, / escuché su voz de furia incontenible / hacia los enemigos... Y bien, ¿alguien va a decir en mayo de 2008 que estas palabras no han sido zarandeadas ni un cachito por la dialéctica de lo concreto? Alguien podrá traducir estos versos al alemán, pero no se acercarán a Brecht; alguien podrá traducirlos al francés, pero no tendrán los sueños de Eluard; alguien se mandará por el inglés y olerán a "fish & chips" pero nunca a las palabras de Stephen Spender. Dejemos en su lengua original estos versos de Rodrigo Machado, pero ni de raspas sonarán a Javier Heraud. Más aún, la voz poética de Javier Heraud no respalda a estos poemas por más que la persona biográfica lo quisiera. Y lo que un artista prefiere nunca es lo que la obra brinda a los lectores. Virgilio, por ejemplo, tenía muy en alto a sus Geórgicas y éstas son las menos engreídas del público en comparación con La Eneida y los recodos pastoriles. La voz poética de Rodrigo Machado, ¿coincidía con la de Heraud? Más bien concuerda con la convicción política de Heraud, concuerda con las directrices de los órganos de prensa de la Revolución. Esas crónicas en verso semejan el eco que tal vez le decía al poeta que su lengua artística y el lenguaje de su ideología política debían constituir una sola entidad. Presión del medio, en otras palabras. (17-19)