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viernes, marzo 03, 2006

Homenaje a Virgilio Gómez en weblog Tierra ígnea

El weblog Tierra ígnea, del poeta Armando Arteaga, viene dedicando desde hace varias semanas numerosos post a la memoria del pintor mexicano Virgilio Gómez (Oaxaca, 1936 - Lima 2006), quien residiera por varios años en el Perú. Entre la información que ofrecen los artículos, se narra que Gómez llegó al Perú en 1994, trabando amistad de inmediato con el pintor Carlos Alberto Ostolaza. Es Ostolaza, según escribe Jaime María Cancino, quien "lo presenta al ambiente artístico e intelectual del centro de Lima y que será a la vez el sitio de su actividad y vida bohemia". Mi memoria no rescata ningún encuentro con este pintor en mis esporádicas visitas a los distintos espacios del jirón Quilca. Róger Santiváñez, su amigo personal, lo recuerda así: "Conocí a Virgilio Gómez alguna tarde del año 1993 o 94 en el Restaurant Queirolo del jirón Quilca en el centro de Lima. Inmediatamente nos hicimos amigos. El pintor mexicano llevaba una colita hippie y sus materiales de trabajo bajo el brazo. Nuestra conversación giró en torno a pintura y poesía. Él dominaba ambos temas, con gracia y erudición incomparables. A partir de entonces lo veía con frecuencia en esa arteria y si no era en el Queirolo nos tomábamos una chata de ron conversando por el circuito Amargura-Plaza Francia y encontrándonos con otros bohemios de la época como Lucho Córdova, llamado el Químico por ser profesor de esta especialidad. [...] Súbitamente hacia los últimos días de 1997 lo encontré una tarde por la Colmena y me contó que tenía problemas para seguir viviendo en el cuarto que habitaba en el jirón Tayacaja. No dudé un instante en decirle que se fuera a vivir a mi casa en el Rímac. Desde ese día mi amistad con el pintor creció y se fortaleció en los avatares de la lucha por la supervivencia en medio de agudísimas dificultades económicas. Pero los milagros existen y entonces debido a la magia del poeta Jorge López Zegarra, el quenista Lolo Reyes y el genio de Virgilio (los tres habitábamos mi casa rimense) nunca nos faltó un bocado para llevarnos al alma desolada y sin embargo invicta que ostentábamos en esos durísmos días de creación y canciones; porque siempre nos las arreglábamos para escuchar música". Armando Arteaga, por su parte, escribe la siguiente reflexión en torno a su pintura: "A Virgilio le gustaba pintar lo que se le ocurriera sin ningún otro compromiso que esa fuerza por lograr las 'pinturas totales', buscando la libertad expresiva del sentimiento vital, que expresaban la rapidez del pincel, dejando la huella de la permanencia o de la armonía encontrada en el cuadro, papel o lienzo, y la presencia de las líneas y los colores, rompiendo con los tradicionales conceptos del espacio y el vacío, las texturas y las superficies, las figuras y las sombras, y la impecable composición. Conocía a la perfección las reglas de la pintura clásica y los impulsos de la vanguardia". Para Bernardo Rafael Álvarez, Virgilio Gómez "era un hombre que buscaba el cariño de todos, pero creo que casi todos se lo negaban". Pueden leer en esta página la noticia de la repatriación de sus restos a su tierra natal.

En la foto: Apunte de Virgilio Gómez de la Plaza Central Quinua, Ayacucho.