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jueves, mayo 10, 2007

Goces lícitos y revaloraciones: Oswaldo Reynoso, un creador cabal

Entrevista: Anfitrionas [Úrsula León, Militza Angulo, Luz Vargas, O.R.U.] en pleno
Introducción, edición y notas: Olga Rodríguez Ulloa*

Pocos escritores peruanos tienen una apuesta narrativa tan vigente, estructurada y consecuente como Oswaldo Reynoso. Su propuesta se libra tanto en terrenos literarios como en políticos, incluyendo el editorial y el educacional. Con una prosa de gran calidad poética, el autor ha logrado calar en las generaciones más jóvenes posicionándose también como un sujeto de polémica consecuencia. Casa de citas tuvo el placer de compartir una tarde con él y conocer de primera mano sus opiniones sobre temas literarios y otros que no lo son tanto.


De Arequipa a Lima
Casa de citas: ¿Dentro de qué contexto personal se produjo tu llegada a Lima?

Oswaldo Reynoso: Yo nací en Arequipa. El año 51 mi padre murió. Éramos ocho hermanos y la situación económica en la casa se puso muy seria. Yo tenía más o menos veintitantos años y había ingresado a la universidad, seguía Letras y me enteré por periódicos de que el Instituto Pedagógico de Lima convocaba a un concurso de becas. Gané y me vine. Luego, el instituto se transformó en lo que actualmente es La Cantuta.

¿Además de estas tuviste otras razones para querer salir de tu ciudad?
Realmente, yo de todas maneras quería salir de Arequipa porque era un lugar demasiado tradicional, machista, represor. Al homosexual se le miraba como una lacra, como una persona enferma y, al mismo tiempo, significaba una vergüenza y una carga para la familia. Había algunos homosexuales muy conocidos, que en cierta forma se habían impuesto, porque trabajaban en la corte y algunos eran profesores universitarios. Pero tenían una vida muy dolorosa. Eran la mofa de la ciudad. El Colegio de La Independencia, cuando celebraba un aniversario, organizaba un desfile de carros alegóricos y representaban a la Corte de Justicia como un nido de maricones. Por otro lado, había una gran represión religiosa. Lima, en ese entonces, se presentaba como una ciudad un poco más abierta, sin tanta opresión, lo que no quiere decir que no la hubiera.

¿Cómo lidiaste con la hipocresía limeña?
Eso hay que verlo desde el punto de vista de clase. Lo que yo he encontrado, aunque parezca mentira, es que las clases populares se parecen a las familias muy ricas. Por ejemplo, en ambas se trata bien al homosexual. Forma parte de la comunidad y tienen respeto hacia él. El problema viene con la clase media. Es ella la represora.

La collera, la calle y la violencia
En tus novelas, el homosexual es el chivo expiatorio del grupo. ¿A qué remite este planteamiento?
Al doble sentido que no solamente hay en la juventud y que es una forma abierta de hipocresía frente a cuestiones de sexo, de amor. Siempre está presente el sentido de exterior, la apariencia del macho, reforzada por las instituciones, la televisión, los periódicos, la iglesia. En este momento, se está echando la culpa de todo a los maestros. Hay una campaña contra ellos. Que son malos, que no quieren la prueba1
[1]. Pero los acusadores dejan de lado que los culpables del estado de la educación en el Perú no son los maestros, son los medios de comunicación. Un niño al día solamente va de cuatro a cinco horas al colegio. El resto del día lo pasa en la calle y está bombardeado por la televisión, la radio, los periódicos; ellos son los que educan en el Perú. Los programas cómicos, por ejemplo, toman como chivo expiatorio al negro, al andino y al homosexual; es decir, a tres sectores marginados del país y hace que todos se rían de ellos. Son esos mismos medios de comunicación los que todos los días echan la culpa a los maestros de la falta de valores. A mí me parece que eso es indignante, porque, si habláramos de una televisión que educa, entonces tendrían autoridad, pero no la tienen. Se ceban en la gente más indefensa del Perú y luego reclaman valores.

¿Se podría decir que el grupo ejerce cierta violencia, por ejemplo, en En octubre no hay milagros?
Mi novela En Octubre no hay milagros se ha interpretado mal porque se dice que es homofóbica. Se cree que presento a don Manuel de forma caricaturesca. No es así. En esta se presenta el manejo del poder para la satisfacción sexual en todas las formas que hay de relaciones, heterosexuales u homosexuales.

¿Por una cuestión de raza y clase?
Por una diferencia de educación y de formación.

¿Qué rol cumple la calle?
Casi todos los personajes que aparecen en mis relatos están allí. Hay muy pocas secuencias dentro del hogar. Un crítico argentino dice que inicio el realismo urbano de la calle en América Latina. Hay un problema de vivienda. La vida de la gente pobre y de la clase media transcurre en espacios muy reducidos. Las familias crecen y ya no hay campo en la casa y ¿qué hacen los jóvenes? Buscan la calle, la esquina, el parque, la cantina. La casa se convierte simplemente en un sitio de pasada, un dormitorio y un comedero.

El goce del cuerpo andino adolescente
Encontramos también contemplación del cuerpo adolescente. ¿Por qué esa particularidad?
El momento culminante de la belleza es la adolescencia, tanto en los hombres como en las mujeres. Hace años escuché una conferencia donde se habló sobre las bellezas femeninas que aparecían en las grandes obras clásicas: Julieta no llegaba a los catorce –Romeo tenía quince—; las jóvenes hermosas que aparecen en El Quijote no llegan a esta edad. El conferencista decía que esto se debía a un hecho de carácter fisiológico, porque en ese entonces se perdían los dientes tempranamente debido al tipo de alimentación. De ahí que la fealdad en algunas obras es representada a través de los desdentados, La Celestina, por ejemplo. Hay varios aspectos como este que te indican que la belleza se da de una manera culminante en la adolescencia, lo que no quiere decir que la edad adulta y la tercera sean horribles. Los chinos, por ejemplo, encuentran la belleza en la ancianidad. Yo también.

¿Este cuerpo joven podría ser subversivo en alguna medida, por ejemplo, a través de la suciedad como en En octubre no hay milagros?
Ahí se ve una belleza natural, sin afeite. Me cuentan que cierta vez en Huanchaco un político se sentó en la playa y mientras veía a los jóvenes en los caballitos de totora, dijo: "No es lo mismo un desnudo griego que un cholo calato". Analizando esa expresión, es fácil deducir su racismo: emplea las palabras 'cholo' y 'calato' despectivamente. Por otro lado, he ido a Huanchaco y visto a los jóvenes de origen humilde que se sientan en los caballitos de totora y son hermosos. He estado en Grecia y no he visto jóvenes hermosos (risas). Entonces, por qué se habla de la belleza griega, precisamente porque no lo eran, por eso crearon un ideal de la belleza perfecta. Y lo que nos ha llegado de ellos son las estatuas, toda la teoría de la belleza. A Platón, por ejemplo, lo llamaban así porque tenía tremenda cabeza, era horroroso. En cambio, el habitante peruano es hermoso.

¿Hay entonces una revaloración?
Exacto, una revaloración del cuerpo joven peruano.

En este cuerpo se inscriben marcas sociales como el paso de la cárcel en El goce de la piel (2005)…
Lo que se da ahí es el respeto por el cuerpo. En la filosofía china se dice "Cuida tu cuerpo como si fuera un templo". Entonces, este joven que está en Lurigancho
[2], en esas condiciones, ha cuidado su cuerpo, pero, al mismo tiempo, le han negado el desarrollo de su vida. Lo que no le pueden cortar es el goce de la piel.

Pese a que las descripciones son sumamente sensuales, hay una imposibilidad del acto sexual, tanto en esta novela como en En busca de Aladino
En ninguna de mis novelas describo el acto sexual. Me parece que es inútil. A veces se puede pecar de cierta grosería como en algunas obras modernas que, en lugar de atraer, en cierta forma, producen un poco de asco. No es que la relación sexual dé asco, sino que la forma cómo se presenta linda con lo pornográfico. Lo que siempre ha habido en mi escritura es un respeto hacia la relación sexual. En mis obras doy a entender y dejo a la imaginación del lector el acto. Pero toda la descripción es sexual y sensorial.

La enseñanza de Adán
El lirismo de Los inocentes remite en muchos pasajes a La casa de cartón (1928) de Martín Adán. ¿En qué contexto se dio su primera lectura?
OR: Tuve la suerte de leer la primera edición de su libro en Arequipa. Mi padre era un gran lector y teníamos una excelente biblioteca. Ahí estaba la novela con prólogo de José Carlos Mariátegui y colofón de Luis Alberto Sánchez. Se conocía muy poco, recién se popularizó en la década de los cincuenta. Me impresionó muchísimo. De él aprendí a escribir. Esta es una fotografía de cuando presenté Los inocentes o Lima en rock (1961) en el bar Palermo de Colmena
[3]. Se ve a José María Arguedas, quien presentó la novela. Este soy yo; este, Vaquerizo, un crítico de arte que ya murió; Eleodoro Vargas Vicuña; el psicólogo Alfredo Ponce; y, por acá, estaba Nicomedes Santa Cruz. Allí, al fondo, este señor con sombrero es Martín Adán. Cuento la anécdota en El goce de la piel[4].

¿Hablaste con él?
Era una persona distante. Yo no quería arruinar su soledad.

¿Aún sientes la influencia de esa novela?
Efectivamente. Los escritores trabajamos con la palabra, que es de uso masivo, por eso la escritura es difícil. Cualquiera cree poder escribir un poema o un cuento. Entonces, simplemente, yo tengo una bonita historia para contar y me pongo a escribir y sale. A la literatura debe dársele un valor agregado, un sentido poético. En mis escritos me esfuerzo en el trabajo artístico de la palabra. Eso fue lo que hizo Adán.

En ese sentido, el cuerpo es un elemento lleno de lirismo…
Sí, lo que niegan la iglesia y los moralistas es la moral de la piel. ¿Cuál es? El goce pleno de la vida, porque para eso estamos en la Tierra. Yo no estoy en la Tierra para sufrir (risas). Miren, el primer relato de El goce de la piel terminaba: "y ahí estaba Malte en la celebración de la piel". El trabajo artístico de la palabra me indica que un período no puede terminar con un monosílabo, sino que debe hacerlo con una palabra grave, que son las que abundan en nuestro idioma. El narrador debe dar tonalidades en la gravedad fonética. ¿Cómo solucionar este problema? Me costó mucho trabajo. Quise cambiar "piel" por otra palabra, pero era el goce de la piel, tenía que terminar necesariamente con el monosílabo. Hice una serie de ejercicios y no me salía, hasta que por suerte descubrí lo siguiente (me ayudó Fausto): "En la celebración fáustica de la piel". Cambió. Anteponiendo una esdrújula le doy valor al monosílabo. Pero persistía otro problema: "Y ahí estaba Malte en la celebración fáustica de la piel". Observen: "en, la, de, la, piel". Cinco monosílabos. ¿Cómo queda? "Y ahí estaba Malte, celebración fáustica de la piel". Anulo 'en' y 'la'. Al hacerlo descubro que en el fondo quería decir que Malte era la celebración de la piel. O sea que no simplemente es un trabajo de palabras, sino que con la corrección yo voy descubriendo lo que en el fondo quería decir y no me daba cuenta. La inspiración viene en la corrección.

Fantástico. Hay de por medio una música también, ¿verdad?
Claro, el sentido de la música. Esto es a lo que yo llamo trabajo poético de la palabra. Porque utilizo acá palabras que todo el mundo usa: 'celebración', 'fáustica', 'piel'. El asunto es encontrarles el sentido poético.

Es una actitud creadora que muchos narradores pierden de vista...
Hay algunos narradores que no escriben en prosa, sino ya en prosaico.

¿Encuentras diferencia de registro entre Los inocentes y tus novelas recientes?
En Los inocentes, el personaje impone ese tipo lenguaje. Jean Paul Sartre en el estudio que hace sobre Jean Genet
[5] dice que la jerga es la forma más poética. Un escritor puede trabajar estéticamente la forma estándar como también la forma popular, no interesa, el asunto es cómo la trabajas.

¿Cómo se produce este cambio en tu obra?
Yo creo que es lo mismo. Son solamente desarrollos. En Los inocentes hay descripciones de personajes que se parecen a las que hago en En busca de Aladino y de los personajes de mis otras novelas. Yo no soy un escritor, soy un creador. La diferencia radica en que el escritor maneja el idioma y puede emplearlo para escribir una crónica periodística, un ensayo, una novela, un cuento, un poema, una obra de teatro. El creador, no. Él utiliza a la lengua como un elemento poético para expresar su ideología, y esta no es más que la concepción que tiene del mundo. En la mía hay puntos fundamentales que ustedes acaban de mencionar: la juventud, el sentido sensorial, el goce. Procedo por impulsos superiores, por una búsqueda de mí mismo a través del arte.

¿Fue fácil incorporar la temática homosexual en tus narraciones? ¿Tuviste algún problema?
No, no tuve ningún problema. El problema era de los demás (risas) y vuelvo a Jean Paul Sartre. Él dijo: "El problema de los judíos, el problema de los negros y el problema de los homosexuales no es problema ni de judíos, ni de negros, ni de homosexuales, sino de los demás"
[6].

¿Qué opinas del tratamiento homosexual en Bayly, por ejemplo?
No me agradan las novelas de Bayly. No son más que novelas rosas, cuyo tópico era el del joven adinerado y noble que iba por la calle, veía a una muchacha pobre que vendía flores y se enamoraba de ella. De ahí surgía el conflicto. Si examinamos La noche es virgen (1997) tenemos al joven triunfador, entrevistador de televisión y con plata, que se enamora de un jovencito músico de clase media. Después de leer el libro, le puse nombre femenino a uno de los personajes y funcionaba como novela rosa. El amor homosexual es diferente. En Muerte en Venecia, tú no puedes ponerle al joven Tadzio Rosa o Berta.

¿No es un poco arriesgado decir eso? Los personajes de Bayly pueden vivir su sexualidad como en una novela rosa y eso no los hace menos homosexuales...
Es su vida, pero que no moleste a otros con su vida. Mira, José Santos Chocano escribió un poemario amoroso, y le mandó un ejemplar a Ricardo Palma, quien le respondió en una carta: "He recibido su libro. Usted es un buen poeta, escribe muy bien, pero yo no tengo nada que ver con la muchacha que usted alaba. Usted dice que es bonita, que es bella. Dígale a ella, no me diga a mí". Si el señor Bayly tiene problemas que se los diga a su mamá, pero que no friegue la paciencia con ese tipo de novelas.

Tránsito huamangino y nuevos proyectos
Suponemos que tu paso por Huamanga te marcó como lo hizo con muchos intelectuales que dictaron cátedra allí…

Sí, estoy trabajando sobre eso en mi última novela. La universidad
[7] se reabrió y se nombró rector al señor Fernando Romero Pintado, un marino dedicado a la literatura que tiene muy buenos cuentos sobre la selva peruana. La intención fue llevar a Ayacucho a los mejores jóvenes intelectuales de ese entonces y ofrecieron sueldos que eran altos. Trabajaron Julio Ramón Ribeyro, Hernando Cortez, Fernando Silva Santisteban, Luis Lumbreras, Luis Millones, Efraín Morote. Yo llegué a la universidad el año 62 ó 63. Me presenté por concurso y fui admitido como encargado del curso de lengua del ciclo básico dirigido por Abimael Guzmán Reynoso. Ya lo conocía de mis vacaciones en Arequipa. Él pertenecía a un grupo de jóvenes que publicaba una revista llamada Hombre y mundo[8], dedicada sobre todo a estudios filosóficos. Lo que encontré en Huamanga fue una aldea feudal: a las seis de la tarde recién había luz y eran unos foquitos que parecían velas, en todo Ayacucho habría dos o tres automóviles, el número de alumnos y de profesores era muy reducido. La universidad abrió sus puertas a los hijos de los campesinos, dio becas. En mi clase se podía encontrar al hijo del hacendado sentado al lado del hijo del yanacona y hacían trabajos en equipo. Ahí se dio lo que yo llamo la bomba Molotov. Para estos jóvenes ayacuchanos que venían de colegios religiosos o nacionales demasiado restringidos, la universidad significó un descubrimiento del mundo. Imagínense a Fernando Silva Santisteban joven enseñándoles sobre la identidad del Perú, o a Luis Lumbreras hablándoles acerca del origen del Estado peruano, o, en mi caso, dándoles a leer a Rimbaud, Verlaine, Miller, Joyce, Hemingway, Proust, Mann. Quedaron deslumbrados.

Se ha criticado mucho la labor que hicieron, sobre todo, por la presencia de Guzmán...
No es como se dice, que tuvieron una prédica marxista, nada de eso, sino que ellos vivían en un mundo estrecho y, de pronto, llegaron los jóvenes más lúcidos del Perú a hablarles de la moderna ciencia, los estudios históricos, la literatura. Los hacendados, los dueños de la riqueza comenzaron a darse cuenta de que ese centro significaba para ellos una amenaza. Hubo un señor que dijo: "¿Cómo voy a mandar yo a mi hija ahí a que estudie al lado del hijo de un indio?" o "¿Se imaginan qué pasará cuando este tipejo salga con grado de profesor y vaya a enseñar a mi hijito?" Empezó entonces el ataque contra la universidad, pero no directo sino contra los profesores, nos acusaron de rojos, de revolucionarios. No tocaron directamente a la institución porque ella les reportaba una entrada de dinero importante. Se valieron de la iglesia católica para atacar a la universidad y la intención de ellos era colocar a profesores y curas reaccionarios que continuaran con la ignorancia.

Reynoso y sus lectores
Revisando tu bibliografía, hemos notado que siempre publicas en editoriales pequeñas o incluso algunas ediciones son autofinanciadas. ¿A qué se debe esto?
Yo escribo para los pobres. Los lectores en el Perú son fundamentalmente profesores y estudiantes que no tienen muchos ingresos. Para llegar a ellos tengo que publicar libros baratos. Si me voy con las transnacionales el libro llega a costar cuarenta o cincuenta soles. Un profesor gana setecientos soles más o menos, el ejemplar le significaría un ocho o nueve por ciento de su sueldo. Escribo para mi patria y como dije una vez: mi patria es el rostro de la gente que yo amo. Mi patria es el rostro de ustedes.

Sabemos que estás por sacar un weblog. Serías el único escritor de tu generación en este medio. ¿A qué tipo de intereses responde esta incursión?
Dicen que en el Perú no se puede vivir de lo que uno escribe y es cierto. ¿Por qué? Porque no hay lectores, entonces hay que crear lectores y esa es una forma de acercarse a la gente joven. Los escritores deberían ser los más interesados en crear lectores, pero ellos se encierran en su torre de marfil. En cambio, yo salgo. Me invitan a casi todas las ciudades grandes del país, todo el tiempo estoy viajando y eso me da más vida, más fuerza para escribir, y, al mismo tiempo, voy creando un mercado que no es el de las grandes transnacionales, es uno interno, que es lo que siempre me ha interesado.

¿Puede ser también una manera rápida de responder a las agresiones? Lo decimos porque te has visto envuelto en polémicas a raíz de la presentación de la antología Toda la sangre (2006)
[9].
A raíz de la polémica se ha tergiversado todo lo que he dicho. Se me invitó para presentar el libro de la antología de la violencia. La primera objeción que puse es que en el Perú siempre ha habido violencia, era un título muy general. Los relatos están enfocados en lo que pasó con los grupos llamados subversivos, había la necesidad de que esa definición no fuera general sino específica. A esos años yo les doy el nombre de guerra popular, porque hubo guerra: enfrentamiento de facciones armadas –como dice la RAE– que puede ser interna o de un país contra otro. Popular porque murieron los jóvenes de menores recursos y los mayores enfrentamientos se dieron en las provincias más pobres del Perú. He podido tener acceso a este tipo de literatura y clasifiqué los textos –no a los escritores como dicen Iván Thays y Gustavo Faverón–: unos son los oficiales, que se publican en periódicos o en revistas y al autor no le pasa nada; otros, los clandestinos, hechos por los vencidos, que pueden ser sujetos a juicio por considerárseles apología al terrorismo y circulan de manera subrepticia; y los últimos, los que escriben los presos. Por otro lado, considero que el prólogo del señor Faverón es tendencioso. Es parte de una concepción metafísica de la historia que señala que esta se estanca, que no hay desarrollo y que Sendero es un lapso en el que se detiene la historia y que ellos crean la suya propia[10]. La historia es un proceso dialéctico, nadie puede crear un espacio ahistórico.

NOTAS
[1] La reforma de la educación implantada por el actual gobierno de García incluye la realización de una prueba de evaluación a los maestros. Sectores del SUTEP (Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación del Perú) protestaron contra la medida que, sin embargo, fue acatada por la mayoría de docentes.
[2] Reynoso, Oswaldo. El goce de la piel. Lima: Editorial San Marcos, 2005, p. 31-36.
[3] Vemos la fotografía aparecida en Reynoso, Oswaldo. Los inocentes. Lima: Estruendomudo, 2006, p. 62.
[4] Op. Cit, p. 39-40.
[5] Sartre, Jean Paul. San Genet: comediante y mártir. Buenos Aires: Losada, 1967, 684 pp.
[6] Sartre, Jean Paul. Reflexiones sobre la cuestión judía. Buenos Aires: Sur, 1960, 140 pp.
[7] La Universidad San Cristóbal de Huamanga fue vista como un foco ideológico importante durante la década de 1960. Se dice que en sus aulas la prédica marxista cobró fuerza y sentó las bases para la formación de Sendero Luminoso. Véase el ítem (2.18) dedicado a esta institución del Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, tomo V, disponible en: http://www.cverdad.org.pe/ifinal/index.php
[8] Hombre y Mundo. Revista Peruana de Cultura. Órgano del Colegio Libre de Estudios Humanísticos fue dirigida por Armando Barreda Delgado. En ella publicaron Antonio Cornejo Polar, Sebastián Salazar Bondy y Pablo Guevara, entre otros. Se ha tenido acceso a seis números del primer y segundo año y se ha encontrado únicamente una reseña de Guzmán: "La física del siglo XX. Pascual Jordán". En: Hombre y Mundo, Arequipa, año 1, n° 2, 1955, p. 156-159.
[9] Esta polémica se dio a raíz de la segunda presentación en la que participó Reynoso y estuvo enmarcada, básicamente, en los blogs. Véase "En octubre no hay milagros" 26/10/2006, en: http://puenteareo1.blogspot.com de Gustavo Faverón.
[10] Faverón Patriau, Gustavo. "El precipicio de la afiliación", en: Toda la sangre. Antología de cuentos peruanos sobre la violencia política. Lima: Matalamanga, 2006, p. 9-38.

* Publicado en
Casa de citas 4. Lima: mayo 2007, pp. 18-23.
En la foto: carátula de la revista.