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viernes, diciembre 22, 2006

Tres artículos de interés en Caretas

La edición de esta semana de Caretas trae en su sección cultural tres artículos de interés. En primer lugar, una nota dando cuenta del fallecimiento de Fernando Silva Santisteban. "Este intelectual de renombre no tenía reparos en criticar la falta de ética, la corrupción y desarticulación del Estado, la falta de interés de nuestra clase política por la lectura, y la 'combinación fatal del hambre y la violencia' que afecta al Perú", se lee.
A su vez se da cuenta de la reciente aparición del poemario Vinilo de Enrique Sánchez Hernani y se publica su poema "Allen Ginsberg & Bob Dylan (pájaros y blues)". (Por otra parte, pueden leer aquí un poema suyo escrito a raíz del fallecimiento de Jorge Eduardo Eielson y publicado en su momento en exclusiva en esta Zona de noticias).
También, Rebeca Vaisman entrevista al narrador Carlos Calderón Fajardo (recuerdo una entrevista temprana que le hice en 1990 para el periódico Página Libre por su novela La conciencia del límite último), quien acaba de publicar la colección de cuentos Historias de verdugos (Santo Oficio, 2006). Dos preguntas. "Entender qué siente un hombre que asesina a otro bajo órdenes del poder es una pregunta planteada en el cuento que da nombre al libro. ¿Podría ensayar una respuesta, a la luz de las últimas dos décadas peruanas?": "En este tiempo se ha dado una literatura de la violencia que, evidentemente, tiene que ser escrita. Porque después de una catástrofe histórica, la sociedad debe exorcizarla. Aquí los senderistas iniciaron una guerra, y el Ejército respondió de forma igualmente violenta. Fue una lucha entre dos verdugos oficiales, pues ambos respondían a dos tipos de poder. La víctima era siempre la misma: un pueblo que perdió a sesenta mil personas. Como no soy un escritor realista, hago referencias al tema de manera velada y a través de metáforas. Pero en estos relatos no me baso en verdugos oficiales, sino en un fenómeno de nuestra sociedad: el esposo que golpea a su mujer es un verdugo; también el jefe que abusa de sus trabajadores. Vivimos sometiendo a los demás". "¿Cuál es su relación con el medio literario peruano?": "Me siento ajeno y esto ha hecho que se me considere un hombre raro, huraño, esquivo y tímido, y no soy nada de eso. Lo que pasa es que estoy en todas partes pero a la vez en ninguna, y con quien sí estoy es con mi familia".
La mención de Calderón Fajardo respecto a que "como no soy un escritor realista, hago referencias al tema [de una literatura de la violencia] de manera velada y a través de metáforas" me recuerda un artículo de Iván Thays publicado en 1999 y ya citado aquí, en el cual señalaba que "a través de referentes tan cultos y occidentales, [Calderón] nos introduce [en su novela La conciencia del limite ultimo], en sentido metafórico, al universo violento de Sendero Luminoso en sus años dramáticos". En ese post de finales de mayo en el que consigné inicialmente la opinion de Thays mencionaba que veía "en su primer libro, Las fotografías de Francer Farmer, publicado en 1992, una metáfora (elusiva, y empatable a través de mediaciones y homologías) de la violencia política (1980 - 1992)". Y enseguida añadía que "una pista para llegar a esta idea es la cantidad impresionante de menciones a cadáveres o muertes (reales, metafóricas, vía imágenes, etc) que recorren la obra". Acabo de encontrar en Internet este otro artículo de Thays, de 1994, en el que su idea de 1999 se encuentra mucho más desarrollada, y que abona a su vez a la lectura que tengo respecto a Las fotografías...: "Parecía que la violencia contenida en los temas policiales era la mejor parábola para describir el caos y la violencia de Sendero Luminoso quienes habían avanzado hasta la ciudad y sembraban el terror en el centro mismo de Lima. La violencia nos afectaba a todos directamente ahora, ya no sólo eran esas largas listas de comunidades y anónimos andinos muertos en provincias perdidas de la sierra del país. El signo más claro de esta necesidad de reflejar a través de la ficción el miedo, la inseguridad y el terror (ya no sólo el documento sobre las batallas) vino a través de un escritor muy polémico y brillante llamado Carlos Calderón Fajardo, experto en seguir el juego a los estilos y adecuarlos a interrogantes ajenas al género. Así, su novela policial La conciencia del límite último (1990) se inicia con el alucinante párrafo: 'A mi alrededor se desenvuelve el vértigo, el tuyo y el mío y por favor no me pidas que invente otro asesinato. Ya no puedo seguir fraguando cada día tanta muerte sangrienta'. Así, con estas palabras casi de McBeth, se narra la historia de un cronista de policiales obligado a inventar muertes horrendas pero cuyo lenguaje es traspasado por los límites de su mundo, en oposición a Wittgenstein, o quizá ese lenguaje violento es el creador de la violencia exterior. En todo caso, es un problema de límites, es decir, la interrogante por el límite que en ese momento nos hacíamos todos los peruanos".

En la foto: nuevo libro de Calderón Fajardo está dedicado a Ribeyro.